Cuando emprendas tu camino a Ítaca pide que el camino sea largo…

“Cuando emprendas tu camino a Ítaca / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias”, así comienza uno de los poemas que no por manido ha dejado de ser uno de los más hermosos de la literatura universal, y griega en particular, escrito por Constantino Cavafis, poeta que vivió entre el siglo XIX y el primer tercio del XX. Creo que es una manera perfecta de empezar el último post, el recopilatorio de lo que ha sido mi periplo por la asignatura, el que va a marcar un punto y seguido.

Y es que el camino ha estado plagado de aprendizajes, de tiempos robados a la vida en sitios insospechados –he abierto Twitter en todas las colas que he esperado desde el mes de abril– y, sobre todo, de mucha compañía por todo websoc17.

Partiendo de la más absoluta inopia –en el sentido etimológico del término– en las redes sociales, la experiencia ha sido fantástica –luego veremos si los números han acompañado este sentimiento–. Twitter me ha permitido estar siempre informada, seguir a gente que realmente tiene cosas interesantes que aportar y he aprendido a restringir mis ideas a 140 caracteres –¿nadie se ha planteado editar un diccionario de sinónimos cortitos especial para Twitter? habría que darle una vuelta a esto–. Las cifras finales han sido 151 tuits, con 24 seguidores, 71 “me gusta” y 60 personas a las que sigo.

La experiencia con Facebook ha sido más irregular. Es cierto que en un primer momento pensé que iba a ser más gratificante porque, aunque la había usado poco en –apenas para seguir a amigos–­, era una red que ya conocía y el hecho de no tener los caracteres tasados me parecía más creativa y menos encorsetada, pero la realidad se ha impuesto y no la he empleado tanto como pensaba. No he logrado diferenciar mi perfil personal de la fan page pero, llegado este punto, tampoco me parece importante, porque al fin y al cabo soy la misma.

La idea del blog me sigue gustando, y WordPress me parece una herramienta buena y fácil de utilizar. Como siempre que escribo algo, hago un esquema previo para que no salga una especie de Frankenstein poco agraciado. Sin duda el formato me parece el más amable, menos inmediato pero más creativo. Es probable que siga manteniendo con vida el blog, llevándolo de las riendas más a mi terreno, pero no dejándolo morir por inanición.

Como ya dejé patente en un post anterior, creo en el trabajo colaborativo y altruista –estoy tratando de mejorar mi exceso de ingenuidad, como me señalasteis–, así que la wiki me ha parecido un proyecto buenísimo. He aportado tres de secciones, he añadido links que faltaban en partes redactadas por compañeros, he corregido algunas erratas… Y, salvo en una ocasión en la que pensé que había estropeado el trabajo de un compañero y mi pulso se aceleró como si hubiera corrido un maratón, he comprobado que no se puede “romper” y que todo añadido es válido.

Me di de alta en dos redes sociales sobre lectura, Entre Lectores y Goodreads, y de momento he conseguido una lista interminable de sugerencias para lecturas de verano. Ya llegará el momento de aportar en ellas mis impresiones. También me di de alta en la herramienta Hootsuite, pero vi que realmente solo servía para poder seguir Twitter, así que la he usado poco.

Y en este post no podían faltar las gracias y las disculpas. Empezaré por las últimas. En esta asignatura era clave que todos tuviéramos el mismo ritmo, de ahí el cronograma, para ir avanzando. Me hubiera gustado haberos leído más y haber aportado mucho más a vuestro trabajo. Vuestros post los leía después de redactar los míos –por aquello de no volver a escribir Luz de agosto de William Faulkner como sucedía en Amanece que no es poco– así que en algunas ocasiones volver a atrás se hacía imposible. En Twitter descubrí que mi móvil es mucho más mojigato que el ordenador y me bloqueaba contenidos que habíais tuiteado –ya cambié su moral en sus ajustes–, así que estoy segura de que me perdí cosas interesantísimas.

El curso ha sido muy satisfactorio y por eso os quiero dar las gracias a todos. A websoc17 porque he aprendido mucho con todos, me he hecho una idea de cómo sois sin habernos visto, así que va a ser verdad que las redes sociales ayudan a conocer gente. Y también a Tony que ha estado siempre al otro lado hablando de estrategias, de objetivos, de listas, alertando de los datos que damos… y ayudando en todo.

Y el poema acaba “Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas”.

Repartiendo el pastel de las redes sociales

Ya no hay marcha atrás. Es evidente que es impensable un mundo en el que las redes sociales no tengan cabida. Así que está claro que la pregunta que debemos hacernos es cómo será el futuro de las redes sociales, cómo seguirán avanzando en la concepción de nuestra sociedad, de qué manera se producirá su imbricación en todos los aspectos de nuestra existencia.

Ya no es real la suposición de que las redes sociales son solo para los millenials o los nativos digitales, como queramos llamarlos, es decir, para esa generación que ya ha nacido con la tecnología al alcance de la mano y que no supone para ellos un mundo por descubrir –no entraré aquí a diseccionar lo que se entiende por millenials porque creo que el concepto es complejo y habría que definir muy bien si solo son usuarios o también creadores de contenidos, que es realmente lo interesante-. En las redes sociales ya entramos todos.

Os contaré una experiencia real: tras dos visitas fallidas al museo arqueológico de Palermo, pregunté a la persona que amablemente abría la puerta para enseñar una única sala cómo era posible que en la página web hubiera un horario de visitas y, por lo tanto, se dedujera que estaba abierto. Me contestó que la página web no funcionaba porque la persona que la gestionaba había tenido la mala idea de pasar a mejor vida y que lo que servía era la página de Facebook. Nunca se me hubiera ocurrido en aquel momento, ahora sí, que una institución pública funcionara con un perfil de Facebook. Quizá se trate de un hecho aislado, pero cierto.

Y si en las redes sociales entramos todos, las necesidades cada vez serán mayores: ¿qué preferiremos una atención personalizada o una realizada por medio de un robot? ¿Que nos ofrezcan las opciones más acordes con nuestros intereses o que las preferencias sean más afines a nuestros gustos? ¿recibir la retroalimentación de otros usuarios respecto a servicios de hoteles, restaurantes, determinados productos… o “comprar” a ciegas? Es evidente que la esfera en la que nos estamos moviendo es diferente a la de otros tiempos. Y para cubrir todas estas necesidades es evidente que los avances en inteligencia artificial son imprescindibles.

Mediante los avances en inteligencia artificial, los Chatbots, por ejemplo, son ya una realidad. Es fácil que entres en una página por curiosear algún producto y te “asalte” una cabeza que se presenta inmediatamente y con la que puedes mantener una conversación acerca de lo que estás buscando y las bondades del producto. Y son tan excelentes que muchas veces es difícil saber si detrás hay una persona real o un robot.

Y, ¿qué podemos decir del reconocimiento por imágenes? Sin querer volver a hacer leña del árbol caído, ¿por qué Facebook nos pide imágenes al abrir un nuevo perfil? Es capaz de reconocernos en las fotos que hemos subido con anterioridad y así detectar si somos los mismos. Ya sabemos que es imposible intentar ser más listo que la tecnología.

Es meridiano que todos estos avances van a influir en el tejido profesional de nuestra sociedad. Seamos positivos. Es cierto que harán menos falta trabajadores que se encarguen de esas cosas que las máquinas serán capaces de hacer, pero, a cambio, habrá más gente que sea necesaria en toda la gestión de la máquina.

Pensemos por un momento en cómo van a afectar todos estos cambios a nuestra vida cotidiana. Imaginemos que la interconexión va a ser tal en las redes sociales que no tendremos claramente diferenciados nuestros perfiles personales, de los laborales, de la gente que simplemente conocemos o con las que tenemos intereses comunes. ¿Es necesario dar una imagen completa de nosotros mismos? ¿Dónde queda nuestra particularidad como individuos? ¿Hasta qué punto vamos a ser capaces de parcelar nuestra personalidad, de manejar nuestra singularidad? La respuesta la tendremos en poco tiempo, quizá menos del esperado.

La mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo

Empleamos este refrán cuando exigimos que una persona pública tenga una actitud irreprochable y escrupulosamente intachable. Es lo que se espera de una persona a la que se le ha encargado el bien común, es decir, los asuntos que atañen a toda la sociedad. Pero también podríamos contraatacar este dicho con el que recuerda que todos tenemos un pasado. ¿Qué sucede con la reputación online? Efectivamente habría que distinguir entre lo que cada uno genera por sí mismo –comentarios sobre diferentes temas, fotografías subidas por uno mismo a la red, asistencia a diferentes actos…– y lo que los demás dicen de uno –ya sea de manera perniciosa o no–. En el primer caso, podríamos poner como ejemplo los tuits, de nulo humor según mi parecer, de un concejal del Ayuntamiento de Madrid, que evidentemente publicó cuando ni siquiera se le pasaba por la imaginación que fuera a ocupar un puesto público de relevancia. Y en el segundo, el lamentable caso de Tiziana Cantone, una mujer que sufrió acoso en las redes por un vídeo y, aunque ganó el juicio para la eliminación, no pudo aguantar la presión posterior.

Como ciudadanos, la regulación ahora nos ampara. Leo en la Agencia Española de Protección de datos el artículo referido a cómo se puede solicitar que se eliminen fotos y vídeos de Internet. Se hace especial hincapié en las principales redes sociales, Facebook y Twitter, y en el buscador Google. Y se dice expresamente “las personas tienen derecho a limitar la difusión universal e indiscriminada de sus datos personales en los buscadores generales –la negrita es suya– cuando la información es obsoleta o ya no tiene relevancia ni interés público, aunque la publicación original sea legítima (en el caso de boletines oficiales o informaciones amparadas por las libertades de expresión o de información)”. Es decir, podemos requerir que eliminen nuestra información aunque en un primer momento fuera válida su publicación. Sin embargo, el periplo que hay que seguir no parece fácil: en primer lugar habría que pedir la eliminación a los motores de búsqueda (Google, Bing o Yahoo) de nuestros datos para poder ejercer el “derecho al olvido” –nunca una ley tuvo un nombre tan poético–, lo que no implica que vaya a desaparecer de la fuente original, o sea, de la página que los creó, con lo que el vínculo seguiría funcionando. Si un buscador no te puede encontrar, es difícil que te localicen, pero no imposible. Habría que ir a la raíz para socavarla.

Quizá la reputación digital debería adoptar como lema otro refrán popular: “Lo pasado, al olvido sea dado”.

Paso a otro tema. Quiero centrarme en dos de los usuarios que elegí al principio de la asignatura para hacerme su seguidora. En el caso de la institución, me fijé en el blog de la SEDIC, la Sociedad Española de Documentación e Información Científica. Y el preferido para seguir en Twitter fue a Julián Marquina. La herramienta que he utilizado para crear la alerta ha sido Google Alerts, una herramienta que ya había usado de manera personal –creo que en el ámbito académico todos hemos creado estas alertas, no por vanidad, al menos en mi caso, si no por la importancia de tener que señalar a quién te cita–.

Los resultados, a falta de que lleguen más alertas, han sido dispares. Podríamos hablar de distintos grados: en un caso sería “presencia en la red” y en el otro caso sería “permanencia constante en la red”.

En el caso de la SEDIC, el último post lo han publicado hoy mismo “Visita al Servicio de Documentación Geográfica, Archivo y Biblioteca del Instituto Geográfico Nacional”, por lo que la repercusión aún ha sido mínima (una vez en Facebook y otra en LinkedIn) y no ha suscitado ningún comentario. El post anterior, publicado el día 6 de mayo, tuvo más alcance:

8.1.

Seguramente el tema fue determinante para que la repercusión fuera mayor, ya que de los que han publicado mientras ha durado esta asignatura, es el que mayor trascendencia ha tenido.

La SEDIC publica aproximadamente un post cada quince días y la repercusión que tiene no es mucha. No ocurre lo mismo con el Twitter de Julián Marquina, un Community Manager, como él mismo se califica, en el Sector de la Información y Documentación. Los datos hablan por sí solos:

8.2

Tiene 10841 seguidores, está a punto de llegar a los 50.000 tuits y ha cosechado más de 26500 “Me gusta”. Sin lugar a dudas se trata de una persona con una amplia difusión en las redes y con una capacidad enorme de crear contenidos interesantes para la comunidad de la Información y la Documentación.

Esperemos más alertas.

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro y… ¡estar en las redes sociales!

De acuerdo en que el dicho es qué cosas hay que hacer en la vida antes de morir: “escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”, pero dado cómo van las cosas, parece inevitable que el tener repercusión en las redes sociales va a implantarse casi como un fin de la vida misma. ¿En mi caso? Haciendo lo que se puede.

Twitter

Para ser los primeros días que utilizo Twitter y que soy incapaz de leer las estadísticas con propiedad, no veo mal los resultados:

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Estos son los datos que aparecen en mi panel de estadísticas:

Imagen 2Imagen 3Imagen 4

Bueno, quizá conseguir como promedio 0 retuits y 0 respuestas por día no estén entre las mejores expectativas para llegar a ser una tuitera “influencer”, pero en los clics y en los “me gusta” los promedios no están mal para empezar.

En la información de audiencias que me proporcionan las estadísticas, parece que la tendencia es positiva:

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Y como no partimos de una situación anterior, dado que es la primera vez que uso Twitter, todos los datos son positivos:

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Hay cosas que a simple vista resultan sorprendentes: por ejemplo, mi seguidor principal es Just Art, que no sé muy bien qué o quién es, sin despreciar a nadie, que estoy encantada. Y otra cosa sorprendente, he conseguido un retuit de la Facultad de Enfermería de Soria de la Universidad de Valladolid con un tuit acerca de las 12 redes sociales científicas escrito por Julián Marquina. Esto me lleva a pensar que el alcance de Twitter es increíble.

La verdad es que estoy cogiendo cariño a Twitter, y ya lo abro antes de ver los periódicos digitales.

Facebook

Crear la FanPage ha sido complicado. Si hago examen de conciencia, el principal problema surgió al tratar de evitar que mi perfil personal se mezclara con la FanPage. Pero una vez superadas las reticencias, subidas fotos para que Facebook me “reconociera”, dado el número de teléfono para luego borrarlo… ¡conseguido!

Me siento más cómoda en Facebook porque no tengo que medir tanto mis palabras como en Twitter, y quien dice medir, dice buscar sinónimos monosilábicos, hablar en yuxtaposición y constreñir la lengua hasta límites inimaginables.

Me estoy centrando un poco más en temas que me quedan más cercanos pero que creo que pueden interesar a mis compañeros de asignatura.

Dejemos que las estadísticas hablen:

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No se puede decir que la actividad haya sido vertiginosa, pero intentaré mejorarla.

WordPress

El blog es la parte que más me gusta, tanto hacer los post como leer los de mis compañeros. Será que tengo una verborrea natural o, de manera más poética, una pluma fácil. Hay temas que siento más cercanos que otros, pero, en general, no me está pareciendo un trabajo gravoso. Las estadísticas desvelan que tengo once seguidores, diez compañeros del curso y alguien que ha debido considerar interesante alguno de los post porque no lo conozco –ya sé que lo bueno en las redes sociales es que tengas seguidores desconocidos, pero no logro acostumbrarme a ello y me sigue sorprendiendo–:

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El día que mi blog tuvo más visitas fue el día 25 de abril con 9 visitantes y 33 visitas. Ése es mi techo, así que intentaré volver a llegar a esos resultados. También habría que “internacionalizarlo” más, ya que todas las visitas han sido desde España.

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El domingo a las 17.00 horas es el mejor momento para publicar en mi blog porque son el día y la hora más popular, así que esta semana ya he perdido mi rush hour.

Wiki

Es otro formato que me gusta. De momento no he colaborado mucho, he insertado a los estudiantes de este año y he creado un apartado de las redes sociales enfocadas a la investigación. Poco a poco veré cómo puedo contribuir más.

Como reflexión final, y sin querer sacar unas conclusiones claras de las estadísticas, la experiencia está siendo muy positiva. Es cierto que se requiere tiempo para poder llegar a todo, pero es que en este momento estamos pasando el Rubicón, es decir, tenemos que intervenir en todas estas redes sociales por la asignatura. El empleo que le demos en nuestra vida, pasada la calificación, será lo verdaderamente interesante.

Los vikingos: ciudadanos 2.0

Había pensado escribir mi nuevo post sobre las complicaciones que he tenido para crear mi fan page, pero he pensado que no iba a aportar nada nuevo después de la experiencia de mis dos compañeras de clase: noewebsoc y Gondwana. Así que me he decantado por algo que me apetecía especialmente: tratar el caso de un país modélico en el empleo de las redes sociales.

Realicé un viaje a Islandia hace un par de veranos y me pareció un país increíble. No solo por su apabullante naturaleza, que hace que pases del glaciar más increíble a un volcán en cuestión de kilómetros, o por el maravilloso sonido del silencio, o por su amabilidad –hay un lema, que haciendo un juego de palabras, dice que Iceland es en realidad Niceland, y lo suscribo con vehemencia– sino por su capacidad de colaboración entre vecinos. No es raro que una pequeña erupción cubra tu casa de lava o que las nevadas hagan que te quedes incomunicado, así que el trabajo colaborativo es fundamental. Y en un entorno así, ¿cómo pueden ayudar las redes sociales?

Estando allí me contaron que todas las casas tienen internet y que casi el 90% de la población utilizan las redes sociales, especialmente Facebook, para saber qué ocurre en su propia comunidad. Me pareció increíble que el número de usuarios fuera tan grande. Hoy leo[1] que en el año 2015 la población islandesa era aproximadamente de 330.000 habitantes y que las redes sociales allí se están convirtiendo en el lugar más importante de debate para la sociedad. Si al principio acogieron Facebook como la red mayoritaria, en 2015 Twitter se convirtió en la corriente dominante y todos los eventos del país tuvieron su propio hashtag.

Un ejemplo de cómo las redes sociales se han convertido en un lugar de debate importante en Islandia es cómo en el año 2011 se debatió la reforma de Constitución a través de Facebook. La Asamblea, que estuvo encargada de este cambio, abrió una página web con el proyecto de reforma y todos los ciudadanos pudieron leerlo y mandar sus propuestas o comentar las que habían ya planteado a través de una página de Facebook. Posteriormente se estudiaron esas propuestas ciudadanas y se admitieron o se descartaron, pero fue un modo de que toda la ciudadanía se involucrara en su Constitución. Eso sí que es una democracia real, y fue posible gracias a las redes sociales.

Lógicamente este empleo, casi diría que masivo, de las redes sociales tiene que ir acompañado de una tecnología que llegue a todos y de fácil acceso. En el año 2016 Islandia se convirtió en el líder mundial de internet por fibra con un 75% de los hogares[2]. Se trata de una política fundamental si se quiere que la conexión entre los habitantes funcione y sea efectiva. Es probable que un país en el que las condiciones climatológicas marcan la vida de sus habitantes y la única forma de conocer qué sucede a tu vecino que vive a 20 km. cuando la nieve cubre la única carretera de la isla, sea su página de Facebook, entonces las redes sociales alcanzan un poder importantísimo.

Y me pregunto que, lógicamente, lo normal es que cada islandés tenga una fan page dado el número de seguidores que tendrán. Pues bien, cuando haya perdido la paciencia y mi propia fan page sea un lío terrible, buscaré a un islandés que me eche una mano.

[1] https://www.whatson.is/2015-in-social-media-in-iceland/

[2] https://genexis.eu/news/iceland-number-one-country-worldwide-in-homes-connected-to-fiber/

El tiempo pasa inexorablemente, ¿también para los artículos sobre la web 1.0 y web 2.0? ¡Nueve años no es nada!

Leo con detenimiento el extenso artículo de Cormode y Krishamurthy de 2008 sobre las diferencias entre la web 1.0 y la web 2.0: interacción o no del usuario, propósitos diferentes, diferente sociología, simples consumidores o creadores de contenido, dinámico o estático, usuarios como entidades de primera clase, la diferente cantidad de tiempo que un usuario pasa en la web 1.0 o en la web 2.0 –teniendo en cuenta que la primera se centra en el contenido y la segunda en relaciones sociales–, si hay incentivos para que esta permanencia sea mayor, cómo crecer en popularidad a través de una propagación viral…

Me parecen especialmente interesantes las claves que se aportan para la medida de la actividad de los usuarios en la Web 2.0:

  • Hacer clics y crear conexiones entre amigos. Son actividades sencillas que, por ejemplo para calificar una película o rellenar una encuesta, se realizan con un simple clic. También podríamos incluir en este apartado los “Like” de Facebook.
  • Añadir comentarios: agregar una respuesta o un comentario a un contenido existente, como una noticia, una entrada en un blog, una foto, etc.
  • Comunicación: envío de un mensaje a otro usuario, ya sea a través de un sistema de correo electrónico o mediante mensajería instantánea, que suelen ser mensajes cortos.
  • Interacción de grupos o comunidades mayores, uniéndose a un grupo o publicando un mensaje en un grupo.
  • Creación de contenido: crear y subir algún contenido totalmente nuevo, como una película de webcam, una foto digital o, lo que estoy haciendo ahora mismo, una publicación de un blog.

Repaso estos indicadores, y me parece que es el esquema que seguiré para el Post 11 –a lo mejor estoy adelantando acontecimientos, pero no he podido evitar echarle una miradilla al final del cronograma– para evaluar mi propia actividad.

Al llegar a este punto, me planteo una duda, que no sé si llega a metafísica, pero ¿qué es más importante, la cantidad o la calidad? ¿Qué es mejor, ser muy activo en las redes sociales o prodigarse menos pero con contenidos más elaborados e inteligentes? Pues la respuesta está flotando en el aire, como dijo un premio Nobel.

Como última reflexión y jugando con el título del post, creo que el tiempo sí ha jugado alguna mala pasada al artículo: de las redes sociales que aparecen en la Tabla 1 hay algunas que han envejecido mal, y ya tienen pocos usuarios como Flickr, Friendster… mientras que no figuran otras que se han empezado a emplear más tarde como Instagram que fue lanzada en el año 2010, Twitter –que aunque sí que la nombran a lo largo del artículo, no aparece reflejada en la tabla–, LinkedIn o Google+, que se lanzó en el año 2011. Tempus fugit y más rápido en la web.

¿Sin estrategia?… Solo aparentemente

Estamos casi en el ecuador del curso y, aunque no me he convertido en una bloguera influyente ni en una tuitera avezada, aquí estoy, utilizando las redes sociales como jamás hubiera pensado. La experiencia es estupenda, estoy más informada que nunca y más activa.

Las herramientas que estoy utilizando ahora para la asignatura son:

  • El wiki de la asignatura. Como ya sabéis por el comentario que hice en el post anterior, creo en el trabajo colaborativo, así que esta herramienta me parece perfecta. De momento solo he completado con algunas redes sociales el apartado “Lectura Social” de “Servicios de Redes Sociales”, pero seguiré enriqueciéndolo.
  • Twitter, con la que interacciono varias veces a lo largo del día. Es la primera vez que la utilizo, así que me parece muy útil la información que recibo a través de ella. Valoraría especialmente la facilidad que supone el poder hacer un comentario y la inmediatez –como te descuides un poco tu comentario se ha quedado “viejo” en nada–. Lo peor son los 140 caracteres, ¡qué capacidad de síntesis!
  • WordPress, sin ella no tendría blog, así que me está resultando imprescindible. He estado mirando las posibilidades que ofrece y perdiéndome un poco por su Escritorio. De momento he añadido en la barra lateral un widget de Redes Sociales para incluir mi dirección de Twitter, el Widget de “Buscar” y los widget RSS para seguir algunos blogs que considero interesantes, entre ellos los de mis compañeros de asignatura.
  • Entre Lectores y Goodreads son redes sociales centradas en el intercambio de información de libros. Al completar el wiki he tenido curiosidad por ver cómo funcionaba una red social de este tipo, así que me he dado de alta en las dos. Todavía es pronto para valorar la experiencia.

La estrategia que estoy llevando a cabo casi podría definirse como “no estrategia”, o como una estrategia básica, pero está en vías de mejorar:

  • Principalmente estoy siguiendo tanto al profesor de la asignatura como a mis compañeros, tanto sus twitter como sus blogs. Con respecto a los blogs, como he dicho más arriba, he creado en el mío los widget RSS, para que en la barra lateral se puedan ver las últimas entradas de sus blogs. También estoy siguiendo los blogs profesionales que me parecen más interesantes para el contenido de la asignatura.
  • He instalado Twitter en todos los dispositivos que utilizo, de forma que sea más fácil poder conectarme en cualquier momento, tanto en la tableta como en el móvil. Eso sí, he tenido que quitar las notificaciones del Apple Watch porque corría el riesgo de morir infoxicada.
  • He intentado añadir un OpenID, pero la prueba no ha sido exitosa. La idea era poder identificarme en distintas páginas a través de una URL y no tener que introducir siempre un usuario y la contraseña.

Seguiré mejorando.

Siguiendo la estela de José Antonio Merlo. Reflexiones sobre la Web 2.0

Las diferencias entre la web y lo que se ha llamado la web social son importantes. Si tuviera que utilizar un único sustantivo para definir la web social, sin duda sería interoperabilidad.

A mi modo de ver, José Antonio Merlo ofrece en su artículo diez reflexiones de gran interés, con las que estoy totalmente de acuerdo y que ponen de manifiesto el valor de la Web 2.0. Tanto en el plano estrictamente técnico como en el social –estamos en lo que llamamos la Sociedad de la Información–, esta nueva Web abre unas expectativas que coinciden plenamente con las líneas generales del avance en la nuevas tecnologías, lo que asegura su indiscutible utilidad.

No tiene sentido una red cerrada, estática, donde los datos se muestren sin tener operabilidad. Es necesaria la cooperación entre todos para que la red se enriquezca cada vez más con el uso de un mayor número de usuarios, por lo que es igualmente necesario que empecemos a hablar de un conocimiento en abierto, un acceso libre a la información y a la ciencia, para que todo el mundo pueda contribuir a ella y poder llegar a ella, con independencia de los recursos de cada uno o del lugar geográfico donde se encuentre.

Si abogamos porque el conocimiento sea en abierto, tendremos que establecer una serie de parámetros que sean comunes o con el mayor consenso posible, para que el avance sea efectivo y progresivo. De ahí surgió el XML como forma de marcado, pero son múltiples las herramientas que logran que ese marcado de textos sea fácil e intuitivo. Por ejemplo, nosotros hemos creado un blog de una manera bastante sencilla y automática, gracias al cual nuestras opiniones y reflexiones pueden llegar a quien quiera leerlas. De la misma manera, estamos completamente conectados a través de Twitter y estamos informados casi a tiempo real de cualquier cosa que suceda y, ante esta información, podemos tomar postura al respecto y a continuación, lógicamente, dar nuestra valoración, ya sea positiva o negativa.

De igual manera, dentro de todas las posibilidades que se nos ofrecen tenemos que ser capaces de elegir qué es lo que necesitamos, qué es lo que vamos a utilizar y cómo hacerlo y, a la vez, tenemos que ser conscientes de que la web está viva, es decir, no se va a quedar siempre igual, habrá que implementarla para conseguir que con los cambios mejore.

Comenzaba hablando de interoperabilidad como palabra clave de esta nueva web, con lo que eso implica de colaboración, y, sin lugar a dudas, otra palabra que quiero utilizar para cerrar este post es la de la generosidad. Generosidad para que el conocimiento sea en abierto, de forma que sea posible que los recursos lleguen a todo el mundo y y de esa manera lograr una sociedad más colaborativa y, en consecuencia, mejor.

Imagen: Kheng Guan Toh a través de Pixabay.

¿Controlamos nuestros datos? Reflexiones tras ver el vídeo de Jennifer Golbeck: Your social media “likes” expose more than you think

Como he dicho en un post anterior, me hice usuaria de Facebook por una serie de casualidades: estaba en una estancia de investigación en Grecia y, aunque toda la gente con la que me relacionaba estaba en un espacio muy cercano y todos teníamos los móviles de todos –es cierto que en aquel momento allí no funcionaba Whatsapp–, quedaban a través de Facebook. Así que si quería relacionarme y tener una vida social real, tenía que entrar en Facebook. Esto fue hace aproximadamente siete años y, desde entonces, sigo a mis amigos a través de esta red social.

Es cierto que muchas veces no soy consciente de qué datos estoy dando a conocer al dar un “Like”. Normalmente se trata de críticas positivas a alguna obra de teatro que me ha gustado especialmente o a alguna exposición que me ha parecido interesante. También, pero en pocos casos, he escrito a algún ayuntamiento criticando la desidia de algún museo. Pero no soy una usuaria muy activa, así que no sé si de mi cuenta de Facebook puede salir un patrón muy acorde con lo que soy.

Sin embargo, tengo amigos que insisten en dar a conocer su vida a través de la red: mandan fotos de sus viajes, felicitan a su pareja a través de un mensaje en abierto (siempre me he preguntado por qué no se lo dicen directamente si viven juntos), dicen si les gusta una tienda y, de manera señalada, una amiga del colegio comparte páginas para entrar en muchísimos concursos –tantos que muchas veces me han entrado ganas de compartir la página solo con la intención de pedir que le toque algo a ella alguna vez. De esa manera me he enterado que tiene hijos, que le gustaría hacer un crucero por el Mediterráneo y que le gustan los tocados para ir de invitada a las bodas.

Efectivamente entiendo que a través de personas que exponen tanto sus vidas ––exhibicionistas, me atrevería a decir–, sea fácil hacer un patrón de conducta y saber exactamente cuáles son sus gustos, y es lógico que estos datos sean usados por terceros si son tan evidentes, pero debería ponerse un coto a este empleo. Debería haber más información para que los usuarios fueran conscientes de que esa exhibición no es gratuita, de que los datos que exponen pueden utilizarse de una manera no totalmente positiva y que, por ejemplo, esos datos pueden ser fundamentales en un futuro. Hemos visto casos en el mundo de la política, en que se han expuesto opiniones en Facebook que en el momento de la publicación parecían banales, pero que, al convertirse en personas públicas, la importancia ha adquirido una mayor relevancia.

¿Tiene sentido una edición de texto en papel? Reflexión tras el vídeo Web 2.0 The Machine is Us

 

Veo y vuelvo a ver el vídeo Web 2.0 The Machine is Us  y mi coincidencia con lo que veo es tanta que casi parece el motivo por el que empecé a estudiar el Máster en Bibliotecas y Servicios de Información Digital.

Soy filóloga clásica especialista en griego, lo que viene a decir que, además de estar “en peligro de extinción”, trabajo con textos de hace veinticinco siglos. No es momento para entrar aquí en cuándo se plasmaron por escrito esos textos o en la importancia de la oralidad en este tipo de documentos, baste decir que los textos con los que trabajo son antiguos, nunca tuvieron una primera edición firmada por el autor y, en muchos casos, no nos ha llegado hasta hoy en día de forma completa. A pesar de todo, hay ediciones valiosísimas de estos textos que han puesto las bases sobre toda nuestra vida cultural.

Pensemos, por ejemplo, que vamos a realizar una edición en papel de una obra que nos ha llegado en estado fragmentario –bien a través de citas que aparecen en otro autor o simplemente el manuscrito que conservamos nos ha llegado muy dañado por el paso del tiempo–. Nosotros haremos conjeturas sobre el texto que tenemos: por ejemplo, falta una palabra que parece que tenía un número determinado de letras por el espacio con el que contamos y por el contexto o por otros textos que nos han llegado de este autor, pensamos que la palabra que falta podría ser una concreta. Pondremos nuestra conjetura y añadiremos en el aparato crítico conjeturas y lecturas de otros editores que haya anterior a la nuestra. Pero ¿qué pasaría si apareciera un nuevo manuscrito menos dañado del autor, o si otro estudioso hiciera una conjetura posterior a la nuestra o si, con los nuevos métodos científicos, fuera posible leer manuscritos muy dañados hoy en día (baste pensar en los papiros de Oxirrinco y el método que utilizó la Nasa para su lectura)? Pues nuestra edición quedaría anticuada y obsoleta en muy poco tiempo.

Pero ¿y si nuestra edición fuera una edición digital? Podría estar en continua revisión, se podrían añadir nuevos datos constantemente y, además, podríamos hacer una edición enriquecida. Por ejemplo, nuestra edición sería hipertextual, se podrían enlazar a ella nuevos datos interesantes: añadir enlaces a mapas, si se habla de zonas geográficas concretas; añadir enlaces a otros autores que traten el mismo tema con la misma o con distinta visión de un hecho concreto, con lo que ganaría en perspectiva histórica; añadir datos de realia: cómo era la realidad política del momento, en qué lugares se representaba una obra de teatro o se declamaba un discurso –cómo eran y cómo están en el momento actual estos lugares–, cómo era la sociedad de ese momento … Sin lugar a dudas nuestra edición ganaría.

Además, podríamos poner nuestra edición en abierto, podríamos marcarla en XML para que pudiera formar parte de la web colaborativa, para que más usuarios pudieran darnos su opinión y ofrecer nuevas ideas, en definitiva, para avanzar juntos.

Imagen: Robert_C Pixabay