Siguiendo la estela de José Antonio Merlo. Reflexiones sobre la Web 2.0

Las diferencias entre la web y lo que se ha llamado la web social son importantes. Si tuviera que utilizar un único sustantivo para definir la web social, sin duda sería interoperabilidad.

A mi modo de ver, José Antonio Merlo ofrece en su artículo diez reflexiones de gran interés, con las que estoy totalmente de acuerdo y que ponen de manifiesto el valor de la Web 2.0. Tanto en el plano estrictamente técnico como en el social –estamos en lo que llamamos la Sociedad de la Información–, esta nueva Web abre unas expectativas que coinciden plenamente con las líneas generales del avance en la nuevas tecnologías, lo que asegura su indiscutible utilidad.

No tiene sentido una red cerrada, estática, donde los datos se muestren sin tener operabilidad. Es necesaria la cooperación entre todos para que la red se enriquezca cada vez más con el uso de un mayor número de usuarios, por lo que es igualmente necesario que empecemos a hablar de un conocimiento en abierto, un acceso libre a la información y a la ciencia, para que todo el mundo pueda contribuir a ella y poder llegar a ella, con independencia de los recursos de cada uno o del lugar geográfico donde se encuentre.

Si abogamos porque el conocimiento sea en abierto, tendremos que establecer una serie de parámetros que sean comunes o con el mayor consenso posible, para que el avance sea efectivo y progresivo. De ahí surgió el XML como forma de marcado, pero son múltiples las herramientas que logran que ese marcado de textos sea fácil e intuitivo. Por ejemplo, nosotros hemos creado un blog de una manera bastante sencilla y automática, gracias al cual nuestras opiniones y reflexiones pueden llegar a quien quiera leerlas. De la misma manera, estamos completamente conectados a través de Twitter y estamos informados casi a tiempo real de cualquier cosa que suceda y, ante esta información, podemos tomar postura al respecto y a continuación, lógicamente, dar nuestra valoración, ya sea positiva o negativa.

De igual manera, dentro de todas las posibilidades que se nos ofrecen tenemos que ser capaces de elegir qué es lo que necesitamos, qué es lo que vamos a utilizar y cómo hacerlo y, a la vez, tenemos que ser conscientes de que la web está viva, es decir, no se va a quedar siempre igual, habrá que implementarla para conseguir que con los cambios mejore.

Comenzaba hablando de interoperabilidad como palabra clave de esta nueva web, con lo que eso implica de colaboración, y, sin lugar a dudas, otra palabra que quiero utilizar para cerrar este post es la de la generosidad. Generosidad para que el conocimiento sea en abierto, de forma que sea posible que los recursos lleguen a todo el mundo y y de esa manera lograr una sociedad más colaborativa y, en consecuencia, mejor.

Imagen: Kheng Guan Toh a través de Pixabay.

¿Controlamos nuestros datos? Reflexiones tras ver el vídeo de Jennifer Golbeck: Your social media “likes” expose more than you think

Como he dicho en un post anterior, me hice usuaria de Facebook por una serie de casualidades: estaba en una estancia de investigación en Grecia y, aunque toda la gente con la que me relacionaba estaba en un espacio muy cercano y todos teníamos los móviles de todos –es cierto que en aquel momento allí no funcionaba Whatsapp–, quedaban a través de Facebook. Así que si quería relacionarme y tener una vida social real, tenía que entrar en Facebook. Esto fue hace aproximadamente siete años y, desde entonces, sigo a mis amigos a través de esta red social.

Es cierto que muchas veces no soy consciente de qué datos estoy dando a conocer al dar un “Like”. Normalmente se trata de críticas positivas a alguna obra de teatro que me ha gustado especialmente o a alguna exposición que me ha parecido interesante. También, pero en pocos casos, he escrito a algún ayuntamiento criticando la desidia de algún museo. Pero no soy una usuaria muy activa, así que no sé si de mi cuenta de Facebook puede salir un patrón muy acorde con lo que soy.

Sin embargo, tengo amigos que insisten en dar a conocer su vida a través de la red: mandan fotos de sus viajes, felicitan a su pareja a través de un mensaje en abierto (siempre me he preguntado por qué no se lo dicen directamente si viven juntos), dicen si les gusta una tienda y, de manera señalada, una amiga del colegio comparte páginas para entrar en muchísimos concursos –tantos que muchas veces me han entrado ganas de compartir la página solo con la intención de pedir que le toque algo a ella alguna vez. De esa manera me he enterado que tiene hijos, que le gustaría hacer un crucero por el Mediterráneo y que le gustan los tocados para ir de invitada a las bodas.

Efectivamente entiendo que a través de personas que exponen tanto sus vidas ––exhibicionistas, me atrevería a decir–, sea fácil hacer un patrón de conducta y saber exactamente cuáles son sus gustos, y es lógico que estos datos sean usados por terceros si son tan evidentes, pero debería ponerse un coto a este empleo. Debería haber más información para que los usuarios fueran conscientes de que esa exhibición no es gratuita, de que los datos que exponen pueden utilizarse de una manera no totalmente positiva y que, por ejemplo, esos datos pueden ser fundamentales en un futuro. Hemos visto casos en el mundo de la política, en que se han expuesto opiniones en Facebook que en el momento de la publicación parecían banales, pero que, al convertirse en personas públicas, la importancia ha adquirido una mayor relevancia.

¿Tiene sentido una edición de texto en papel? Reflexión tras el vídeo Web 2.0 The Machine is Us

 

Veo y vuelvo a ver el vídeo Web 2.0 The Machine is Us  y mi coincidencia con lo que veo es tanta que casi parece el motivo por el que empecé a estudiar el Máster en Bibliotecas y Servicios de Información Digital.

Soy filóloga clásica especialista en griego, lo que viene a decir que, además de estar “en peligro de extinción”, trabajo con textos de hace veinticinco siglos. No es momento para entrar aquí en cuándo se plasmaron por escrito esos textos o en la importancia de la oralidad en este tipo de documentos, baste decir que los textos con los que trabajo son antiguos, nunca tuvieron una primera edición firmada por el autor y, en muchos casos, no nos ha llegado hasta hoy en día de forma completa. A pesar de todo, hay ediciones valiosísimas de estos textos que han puesto las bases sobre toda nuestra vida cultural.

Pensemos, por ejemplo, que vamos a realizar una edición en papel de una obra que nos ha llegado en estado fragmentario –bien a través de citas que aparecen en otro autor o simplemente el manuscrito que conservamos nos ha llegado muy dañado por el paso del tiempo–. Nosotros haremos conjeturas sobre el texto que tenemos: por ejemplo, falta una palabra que parece que tenía un número determinado de letras por el espacio con el que contamos y por el contexto o por otros textos que nos han llegado de este autor, pensamos que la palabra que falta podría ser una concreta. Pondremos nuestra conjetura y añadiremos en el aparato crítico conjeturas y lecturas de otros editores que haya anterior a la nuestra. Pero ¿qué pasaría si apareciera un nuevo manuscrito menos dañado del autor, o si otro estudioso hiciera una conjetura posterior a la nuestra o si, con los nuevos métodos científicos, fuera posible leer manuscritos muy dañados hoy en día (baste pensar en los papiros de Oxirrinco y el método que utilizó la Nasa para su lectura)? Pues nuestra edición quedaría anticuada y obsoleta en muy poco tiempo.

Pero ¿y si nuestra edición fuera una edición digital? Podría estar en continua revisión, se podrían añadir nuevos datos constantemente y, además, podríamos hacer una edición enriquecida. Por ejemplo, nuestra edición sería hipertextual, se podrían enlazar a ella nuevos datos interesantes: añadir enlaces a mapas, si se habla de zonas geográficas concretas; añadir enlaces a otros autores que traten el mismo tema con la misma o con distinta visión de un hecho concreto, con lo que ganaría en perspectiva histórica; añadir datos de realia: cómo era la realidad política del momento, en qué lugares se representaba una obra de teatro o se declamaba un discurso –cómo eran y cómo están en el momento actual estos lugares–, cómo era la sociedad de ese momento … Sin lugar a dudas nuestra edición ganaría.

Además, podríamos poner nuestra edición en abierto, podríamos marcarla en XML para que pudiera formar parte de la web colaborativa, para que más usuarios pudieran darnos su opinión y ofrecer nuevas ideas, en definitiva, para avanzar juntos.

Imagen: Robert_C Pixabay

 

¿Comenzamos? Aterrizando en el mundo 2.0 cuando algunos ya están en el 3.0

Es la primera vez que tengo un blog y, en consecuencia, la primera vez que escribo un post. Anteriormente la idea de tener uno me tentaba, pero cursar la asignatura Web Social es todo un reto para que el aterrizaje sea casi forzoso.
Frente al “papel en blanco” tengo muchas incertidumbres: “¿seré lo suficientemente amena? Tendré que ser ingeniosa para que los que me lean/sigan –me voy haciendo poco a poco con el lenguaje apropiado– no se aburran, pero a la vez tendré que ser profunda porque dar una imagen frívola puede ser aterrador…”. Bueno, he hecho lo que hago siempre que tengo que escribir, un esquema que permita organizar mis ideas. He visto varias veces el vídeo Web 2.0 The Machine is Us y cómo muestra las diferencias entre el texto en papel y el texto digital, pero la palabra texto – hipertexto siempre está presente, así que ¡manos a la obra!
Es indiscutible que la importancia de la web social en nuestros días en inmensa: somos consumidores de información en la red, pero también somos creadores de esta información y nos relacionamos a través de la web, es decir, estamos participando activamente en la red. Ya no somos seres pasivos que solo utilizan los datos que les facilita el ordenador, ahora podemos dar nuestra opinión sobre productos que compramos por Internet, calificar la comida de un restaurante que hemos reservado por una determinada aplicación, o puntuar una habitación de hotel en una ciudad a la que hemos viajado y de la que hemos facilitado los sitios que nos han parecido más interesantes para visitar. Indiscutiblemente estamos conectados.
En mi caso las redes sociales que utilizo son Facebook, LinkedIn y Academia.edu. Empecé a utilizar Facebook hace unos siete años en una estancia de investigación en Grecia y, tengo que decir, que el motivo principal fue estar conectada con la gente de la residencia donde vivía. Ahora simplemente la utilizo para estar en contacto con amigos –todavía no he llegado a usarla profesionalmente y estoy deseando la próxima clase para ver cómo puedo “reconducir” su uso. En el caso de LinkedIn me ha permitido conectar con gente de mi mismo ámbito laboral. Pero, sin duda, más interesante me parece el empleo que hago de Academia.edu porque estoy conectada con compañeros que tienen mis mismos intereses científicos y puedo leer sus aportaciones y darles mi opinión sobre un artículo ya publicado o incluso discutir con ellos cosas concretísimas sobre un tema muy concreto.
Con esta asignatura me gustaría conseguir estar más activa en las redes sociales y descubrir nuevas herramientas que me permitan hacer un uso más racional, profesional y eficiente de ellas. De momento, estoy activa en mi cuenta de Twitter leyendo y tuiteando noticias que me interesan dentro del ámbito de las redes sociales y siguiendo a mis compañeros. Y ahora comienzo mi blog creado en WordPress en el que tengo que añadir un “Widget RSS” para poder ver los post escritos por mis “seguidos”. Estoy segura de que esta asignatura me enseñará mucho.